La Valse de Maurice Ravel

Published On septiembre 24, 2013 | By Kä Volta: Redacción | SobreDO SI LA SOL FA MI RE

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El vals (o waltz, para los europeos) es una forma musical que suele ser utilizada para representar belleza y seducción; muchos compositores han utilizado esta danza para musicalizar ballets, óperas, musicales, películas, cortometrajes y cuanta disciplina artística lo requiera. –Es por ello la importancia de hacer destacar al genio detrás de tan sobresaliente género musical?

Mientras la música evolucionaba y los compositores aprendieron a plasmar sus emociones en las partiruras, también la vida seguía su curso y la influencia política y socioeconómica no fue ajena a la “inspiración” (por llamarle así, de manera tenebrosa) de desgarradores episodios en la vida del músico y de sus obras. Tal es el caso de “La Valse” de Maurice Ravel, cautivadora y enigmática, llena de acertijos musicales que encierran en notas disonantes los horrores que marcaron el fin de la vida europea como se conocía antes de la primera guerra mundial.

Bio de Ravel.

Conocido como uno de los grandes compositores del impresionismo musical, Maurice Ravel poseía una enorme habilidad en la orquestación de obras y solía identificar todos los elementos de la música de otros compositores para después hacerles pequeños homenajes dentro de sus propias obras, misma razón que dio origen a la idea inicial de “La Valse”.

Siendo un francés que vivió el elegante siglo XIX y el inicio del siglo XX, Maurice Ravel portaba con orgullo su nacionalidad y, como casi todos los franceses de esa época, decidió enlistarse en el ejército como voluntario para defender a su país en aquel primer gran conflicto bélico; sin embargo su baja estatura le impidió cubrir los requisitos básicos para participar como soldado raso y no le permitieron entrar a la milicia. Fue tanta su insistencia que le dieron lugar como parte del equipo de conductores de ambulancias, esto le garantizaba estar al frente militar y sin saberlo, su vida estaba a punto de cambiar.

La primera guerra mundial fue una de las mas crueles y sádicas de la historia, en ese entonces aún se usaban las bayonetas y los combates cuerpo a cuerpo eran comunes, Maurice Ravel presenció la muerte de muchos de sus amigos siendo chófer de ambulancia y quedó marcado para siempre, su música sería inevitablemente modificada. Al terminar la guerra, Europa quedó destrozada y las ruinas fueron levantadas poco a poco, los ánimos de los sobrevivientes intentaron solventarse con arte y entretenimiento cuando los mismos artistas quedaron manchados con la oscura mano de la guerra, así en ese contexto nació La Valse.

Obra

Tomemos en cuenta la vida de Maurice Ravel antes de la guerra, Francia era la cuna de las artes, el centro de Europa, la música académica nacía en Francia y los demás compositores trataban de emularla para “ser comercialmente exitosos”; la etapa conocida como “La Belle Epoque” con su paz, tranquilidad, prosperidad y auge artístico fue el ambiente en el que Maurice Ravel triunfaba como compositor siendo considerado uno de los grandes pilares del impresionismo musical, corriente caracterizada por las escalas de 12 tonos y su “oda a la cotidianeidad”, cuando lo “cotidiano” era bonito y efímero pero constante a la vez.

Cuando el director de orquesta da la señal e inicia “La Valse”, lo primero que escuchas son máquinas sobrevolando ciudades grises a la espera de algo, poco a poco una ola de sonido disonante crece en repeticiones con algunas respuestas del ensamble de las maderas hasta aparecer la primera señal de La Belle Epoque en su bello esplendor, bailando en ritmo ternario para celebrar el amor y la belleza de una sociedad que sigue sin darse cuenta del horror que se aproxima, de pronto aparecen las percusiones y la música se calma un poco, como si se hubiera resbalado y poco a poco quiere recuperar el equilibrio perdido por una solitaria pero intensa sacudida, cuando parece que se está levantando de su caída aparece otra explosión acompañada de disonancias, otra explosión y un pequeño lamento de los cellos, como si nos pidiera un respiro pero las percusiones vuelven a explotar sin piedad.

Llega la calma después de la tormenta, las cuerdas siguen su baile 1, 2, 3, 1, 2, 3 al que pronto se le unen las maderas y la arpa, intentando distraerse del bombardeo que acaban de sufrir, lentamente recobran el tema principal con variaciones leves hasta que llegan a un punto que, aunque son las mismas, suenan irreconocibles por los accidentes musicales. Hay un pequeño solo de la sección de violines, como un lamento, casi como una despedida, después las flautas repiten el mismo tema hasta que una inmensa ola de sonido nacida en las cuerdas arrasa con todo y deja a las violas en una pelea contra violines, los metales anuncian la última calma antes de la última tormenta, otra vez aparecen los sonidos graves simulando las grandes aves metálicas en el cielo de una ciudad gris y destruida, un último intento de vals bello se bosqueja en el paisaje musical para pronto ser callado por un terremoto ternario.

Los últimos cuatro o cinco minutos de la obra son la marca que la guerra dejó en Ravel, la expresión musical que el compositor encontró a manera de catársis involuntario. La manifestación artística de la decadencia de una sociedad que no esperaba ser desgarrada desde el interior.

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