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#LeeEsto: Diez Bicicletas para treinta sonámbulos: Las bicicletas y los autores

Published On agosto 25, 2014 | By Alejandra Carrillo | Arte y Cultura, Featuring, Libros

“El que ha encontrado en el ciclismo una ocupación desinteresada de resultados últimos, sabe que es dueño de una rara libertad sólo equiparable con la de la imaginación”

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Esta cita que corona la nota es de nadie más y nadie menos que Julio Cortázar uno de los más notables ejemplos que citaré en esta nota.

Los escritores siempre han tenido una vinculación especial con la bicicleta, la han convertido en un objeto de observación perpetua. Es fácil comprender a través de la literatura cómo se ha convertido a la bicicleta en más que  un medio de transporte, un privilegiado lugar de contemplación del paisaje, tiene algo de aventura íntima que facilita la reflexión y el dominio de los espacios “con esa velocidad arrulladora y despreocupada del paseo”, escribe Valeria Luiselli en el libro Papeles falsos (Sexto Piso, 2010).

Muchos escritores han hecho de este medio de transporte un tema literario que no admite espacios para negativas.

Iniciemos con Hemingway, que hace muchos años publicó un artículo en la revista Collier’s que “pedaleando se aprecian mejor los contornos del país, porque uno primero sube las cuestas bañado en sudor y luego las desciende dejándose deslizar por ellas” también en “París era una fiesta” narra sus paseos en bicicleta por los bulevares, las carreras en el Vélodrome d’Hiver y su pasión por el Tour.

También el argentino Julio Cortázar encontró belleza en este aparato al, se llama Vietato Introdurre Biciclette, relato dedicado a las bicicletas, publicado en Historias de Cronopios y famas (1962)

 “Para una bicicleta, entre dócil y de conducta modesta, constituye una humillación y una befa la presencia de carteles que la detienen altaneros delante de las bellas puertas de cristal de la ciudad. Se sabe que las bicicletas han tratado por todos los medios de remediar su triste condición social. Pero en absolutamente todos los países de la tierra ‘está prohibido entrar con bicicletas’. Algunos agregan: ‘y perros’, lo cual duplica en las bicicletas y en los canes su complejo de inferioridad.”


Miguel Delibes, novelista español y miembro de la Real Academia Española de la Lengua,  también habla de su amor por los velocípedos en Mi querida bicicleta, un relato que forma parte de los nueve capítulos de Mi vida al aire libre (Memorias deportivas de un hombre sedentario), en donde Delibes hace un balance pero también una comparación entre memoria, vida y deporte: desde su temprana pasión por el fútbol, pasando por las primeras salidas al campo con su padre hasta la extraña relación entre amor y ciclismo.

En la ciudad, el deporte de las dos ruedas, sobre el ejercicio en sí, encerraba para un niño un singular atractivo: no dejarse cazar. Nos lanzábamos a tumba abierta en cuanto divisábamos un agente, doblábamos las esquinas como suicidas, de modo que cuando el guardia quería reaccionar ya estábamos a mil leguas”.
“Pero cuando la bicicleta se me reveló como un vehículo eficaz, de amplias posibilidades, cuya autonomía dependía de la energía de mis piernas, fue el día que me enamoré”.

 

Y como ellos hay muchos ejemplos en los que los escritores hacen un conjunto de memorias, ensayos y poesía sobre el velocípedo favorito de muchos. Desde León Tolstoi que aprende a montar bicicleta a sus 67 años hasta la imagen de Sylvia Plath casi adolescente sosteniendo su bicicleta. A propósito de este tema para los amantes tanto de la literatura como del ciclismo existe una maravillosa colección de imágenes. Se trata de la serie Escritores en bicicleta  una copla de ilustraciones realizadas por Virginia HerreraVirginia WoolfGabriela MistralM. Luisa BombalDostoievskiBorgesCortázarBolaño, Hemingway y Poe montados en sus bicicletas.

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 Arthur Conan Doyle, que solía pasear en tándem con su esposa, escribió: “Cuando el día se vuelva oscuro, cuando el trabajo parezca monótono, cuando resulte difícil conservar la esperanza, simplemente sube a una bicicleta y da un paseo por la carretera sin pensar en nada más”.

El periodista y escritor Christopher Morley dijo: “Seguramente la bicicleta será siempre el vehículo de los novelistas y los poetas”.


 

Fue, al menos sentimentalmente, el vehículo de Pablo Neruda, que le dedicó en 1955 una espléndida y breve oda.

Relativo a esto, hace algunos años la editorial Demipage publicó la fabulosa obra Diez Bicicletas Para Treinta Sonámbulos donde hay multiplicidad de perspectivas y de relatos, algunos del género del microcuento en el que este vehículo es el tema central.

Aquí algunos fragmentos:

Isabel Mellado: “Andar en bicicleta es silbar con las piernas. Vueltas y más vueltas, y otra, y todavía una más. Compases que son párpados, que son días. Hacia adelante o hacia atrás. Ritmo, velocidad y trayecto. ¿Solo tengo que buscarte en la esquina correcta de la lengua?”.

lsa Fernández Santos sobre “El ladrón de bicicletas” de Vittorio de Sica: “A 24 imágenes por segundo y en blanco y negro, el ladrón escapó montado en una bicicleta que dibujó sobre el muro de la comisaria”.

Juan Gracia Armendáriz: “Llevo diez años montado en esta bicicleta. Sudo tinta, destino palabras”.

Marta Sanz: “Aprendo a montar en bicicleta con la misma facilidad con la que aprendo a nadar o a deducir el mínimo común múltiplo”.

Este y otros ejemplos son necesarios para entender la relación directa de los escritores con las bicicletas al usarlas como inspiración, metáfora y móvil de la reflexión.

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About The Author

Soy editora de la sección de Arte y Cultura en la publicación web Kä Volta Reportera en el diario impreso La Crónica Jalisco. Estoy en proceso de combinar mi vida de blogger y mi vida de gente (muy) seria. Me encantan el arte, los libros y los tragos ¡Contáctame! criticacerebral@gmail.com