Quinta feria del libro usado en Guadalajara

Published On noviembre 17, 2014 | By Kä Volta: Redacción | Arte y Cultura, Libros

La semana pasada del 7 de Noviembre hasta el día de ayer recibimos en Guadalajara las maravillas de la quinta Feria del Libro Usado y Antigue en el que varios libreros de viejo en la ciudad sacan a la venta sus mejores ejemplares, libros considerablemente más baratos pero con un tono que ningún libro de editorial nos dará: la memoria y la nostalgia de las historias secundarias que abonan a estos ejemplares. He aquí una crónica de lo más notable, añorable y destacable de este gran evento tan esperado por los amantes de los libros en Kä Volta

Por: Osvaldo Rondán @OzPepe

10656205_747507821969929_251802234_nAún pueden erigirse, todos, con la postura firme de un pelotón de veteranos. En su vejez siguen manteniendo la memoria tan fresca como cuando se imprimieron sus recuerdos, la primera escuadra suma más de cuatrocientos años de edad y apenas la componen veinte de ellos, sobre un anaquel de madera en el stand de la librería Logos se posan los generosos hijos de Marx, Platón y Kant, constituyendo uno a uno la celebración de la V Feria del Libro Usado y Antiguo que cada año se suma a los viejos ajedrecistas que se asientan en los portales del Ayuntamiento de Guadalajara, para inundar el sitio de tiempo y edad, entre libros y viejos, y viejos libros.

Son dieciocho áreas de librerías locales que componen la Asociación de Libreros de Guadalajara A. C. grupo que desde hace siete años se consolidó para ganar espacios públicos en donde puede cumplir sus objetivos: acercar la literatura a una sociedad, que ya se demostró desde hace bastante tiempo que sí lee, mediante un proyecto cultural integral que va desde la venta de los libros hasta talleres literarios, conferencias, música en vivo y debates al calor del café.

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Vestidos con galantería de época, logran una combinación cadenciosa entre tinto y dorado; relieves y texturas que parecen brocado sobre las pastas; y hojas, más bien amarillas, pues van cubiertas por la arena que les cae de los relojes del tiempo. Así son “las joyas” de Macario Zamora Pascual, coordinador de la feria, vendedor de libro usado y vehemente conocedor de títulos e historias, confiesa que gusta de sacar a pasear sus libros, pese a que son frágiles por tener algunos tres siglos de edad e invaluables por eso mismo.

El vendedor Zamora, rápido se convierte en coleccionista al presumir la primera edición de La vida del mexicano de Herbert Spencer, un libro de a finales del siglo XIX que como mejor muestra de sus años lleva claramente escrita la dedicatoria al Señor Presidente Porfirio Díaz; o la primera edición de La Eneida, “la primer edición mexicana, de otra forma el libro tendría más de veintiún siglos y no sería libro, chavo” aclara con exasperación el coleccionista a preguntas obvias, porque sí, él deja de ser vendedor para coleccionar, pues prefiere quedarse este libro que data desde el siglo XVIII, a plantearse la idea de cobrar los veinte mil pesos en que está valuado el manuscrito, a algún comprador excéntrico y dispuesto.

Pero no todo es antiguo, también hay juventud que busca el descuento en la Crítica a la Razón Pura, o el estudiante que se lamenta el dilema de renunciar a la ya de por sí atormentada Emma Bovary (otro hombre que la abandona) para decidirse por Grandes Esperanzas de Charles Dickens.

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Al mismo tiempo se venden, y caros, Best Sellers al por mayor: 50 Sombras de Grey, sirve como vado para las adolescentes con frenillos dentales y fantasías recónditas que prefieren no transitar por los ríos de caudalosa tinta que promete El Decamerón o Los Cuentos de Canterbury.

Mientras el jazz sale del pabellón levantado a un costado de la presidencia, sobre el andador Pedro Loza, se guardan con respeto los libros que se regresaran a casa después de la clausura de la feria cuya expectativa de atraer a más de veinte mil asistentes fue superada este año, y después de haber olido a profundidad el perfume añejo en las páginas, se retiene un segundo el aroma en el interior, para después  exhalar y, con golpe seco, cerrar el libro.

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