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#Crónica Joven Ballet de Jalisco: El Cascanueces, apropiando los clásicos navideños

Published On diciembre 24, 2014 | By Kä Volta: Redacción | Arte y Cultura, Danza

La cubierta navideña que ha revestido la Plaza Liberación en el centro de Guadalajara se extendió hasta traspasar las puertas del Teatro Degollado e ir directamente a su escenario con ayuda del Joven Ballet de Jalisco (JBJ) que en su cierre de temporada presenta El Cascanueces, dando posada al espíritu navideño que inunda la cruz de plazas en el centro histórico.

Por: Osvaldo Rondán

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Volvió a embrujarlos, a todos, el director del JBJ, Darius Blajer, quien en esta ocasión sacudió desde escena, con una espectacular explosión de dulces y colores pasteles, a los mismos niños que llegaron corriendo a sus asientos y así, en estampida, salieron al vestíbulo al finalizar la puesta para conocer a los bailarines; a todos los ratones escondidos en el teatro que salieron desde sus rincones para iniciar la batalla; a muchos abuelos que muy abrigados asistieron a vivir, a sentir más de la víspera; y a cualquiera que se haya deleitado con el azúcar, chocolate, té, café y todos los sabores que danzaron hechos calor de chifón sobre un escenario nevado.

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En el primer acto se erigía poderoso un imponente árbol de Navidad, enraizado en sorpresas envueltas en papel satinado y moños hinchados de anhelo, desde donde empezaron a salir los juguetes que pautarían la historia del príncipe hecho cascanueces y su camino al país donde se reúnen muchas de las piezas más reconocidas del ballet como El vals de las flores, Danza Rusa y Hada de azúcar, momentos en los que bailarines y bailarinas hicieron gala de sí mismos para fundirse junto con el público en este clásico de Tchaikovsky, cuyo libreto estuvo basado en la versión de Marius Petipa.

El escenario tridimensional logró arribar a todos los lugares y momentos que visitan Clara y su cascanueces, así se abrió un círculo que inicio en la sala de la familia Stahlbaum, giró a los bosques nevados, pasó por el reino de azúcar donde se detuvo el teatro entero para ver danzar a España, Rusia, Francia, China y Arabia y cerrar esa travesía circular en la que había empezado: la misma sala partida a la mitad por el majestuoso árbol navideño coronado con cinco puntas y escarchado de luces.

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En el segundo acto los movimientos de los bailarines se distinguieron por ser un coctel de vaivenes con diferentes fuerzas y ritmos para representar la esencia misma de cada país con su elegancia, calor y color respectivamente, a partir de cada paso. Pero sin duda fueron la lluvia de nieve y el baile del Hada de azúcar los que imprimieron la esencia de Navidad con sus delicadas intervenciones blancas y finas, de punta a punta recreando la belleza de copos de nieve hechos azúcar y de azúcar que pude nevar al recibir aplausos constantes, incontenidos, para muchos imprudentes pero cada una de esas palmas cargadas de energía y entrega a toda pieza interpretada.

La sorpresa sin precedentes en esta temporada del JBJ, sin duda, fueron los niños,  pequeños que invadieron el primer acto como asistentes a la cena de Navidad y soldaditos de plomo que enfrentaban a ratones de su estatura; además de la sorpresa secreta y final dedicada precisamente a ellos que, como copos de nieve, cayó desde los palcos más elevados del teatro sobre sus brazos abiertos, y también sobre los que con esta puesta vuelven a ser niños en un época muy adecuada para nunca dejar de serlo.

Fotografías: Cortesía Joven Ballet de Jalisco, Felipe Panamá

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