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¡Que alguien salve a las treintonas!

Published On diciembre 31, 2015 | By Alejandra Carrillo | Arte y Cultura, Libros

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¿Qué fortalezas necesita desarrollar una mujer a los 30– o a cualquier edad– en un país como este? ¿Cuándo sabemos que es tiempo de reinventarnos? Esto y más nos contará Juana Inés Dehesa

Ya pasaron más de tres año de la publicación de Treintona, Soltera y Fantástica, Juana Inés Dehesa publicó, este año, su nuevo libro: Socorro! pero me dicen Coco. La similitud en estas dos publicaciones es, por supuesto, la mujer, la mujer a cualquier edad pero en este país que busca encontrarse consigo, con sus deseos, sus sueños, sus éxitos y su felicidad– lo más importante-, a cualquier edad y digan lo que digan.

En entrevista, Juana Inés cuenta más detalles sobre su primer libro, y, además, nos dará algunas pistas sobre el nuevo libro, ambos editados por Océano.

KV: A casi tres años de la publicación de tu libro ¿hay ideas sostenidas ahí que han cambiado al acercarse los 40, por ejemplo?

JID: No. Pero no sé si tiene que ver con que me sostengo en ellas o más bien con que no me acabo de hacer a la idea de que ya en poquitos años cumplo cuarenta. En realidad, yo no veo (ni vendo) Treintona, soltera y fantástica como un libro exclusivamente sobre una etapa cronológica de la vida; para mí, es una exploración de qué hacer cuando uno se topa con la noción de que necesita reinventarse.

KV: Contabas en el libro que los planes de vida de cada uno varían y deben ser diferentes
¿Qué clase de, digamos, alternativas en cuanto al plan de vida de una mujer promedio en México, con las situaciones políticas y sociales que imperan aquí, existen? ¿Por qué parecen repudiarse?

JID: Porque estamos acostumbradas a que nos digan que el ideal de toda mujer debe ser casarse, tener hijos y, sobre todo, “tener quien mire por una”. Y no es que esté mal, necesariamente, pero tampoco es necesariamente la solución para todas. Habrá quien prefiera irse por la libre, no casarse, no tener hijos (o tenerlos por su cuenta) y está en su derecho, siempre que no afecte a otros y no lo viva como un fracaso.

El punto es que se nos impone ese modelo como si fuera el único, y como si fuera el más común. Y no lo es. Menos aún, en el país que le dio cuna a Pedro Páramo. México es una nación donde abundan los dobles estándares y donde vivimos comparándonos con modelos imposibles y, por lo tanto, acumulando frustración. Pensamos que la selección va a ganar el Mundial, contra todos los pronósticos, y pensamos que ese hombre, que es un ser como cualquier otro, se va a convertir en príncipe de cuento y se va a hacer cargo de nuestro bienestar y nuestra felicidad. La felicidad y el bienestar se conquistan individualmente, y si no aceptamos que lo nuestro no es el futbol, y que una persona no puede hacerse cargo de que seamos felices, no lograremos nada.

Por otro lado, a las mujeres se nos educa para ser sumisas, para no pedir, no desear, no hacer ruido. A aceptar lo que nos den: dinero, amor, oportunidades laborales, y si una pide más, se convierte en una zorra, una arribista o una machorra. Si nos creemos esas etiquetas, estamos perdidas: somos quienes somos, queremos lo que queremos, y encontraremos quien nos quiera así. O no, pero nos ganaremos la vida en el intento.

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KV: Sobre esto, ¿tuviste críticas fuertes o que te llamaran la atención al publicar “Treintona, soltera y fantástica”?

JID: Más que al publicarlo, al escribirlo. Sentía a mis tías leyendo por encima de mi hombro mientras escribía y, si bien son todas mujeres cumplidas y a quienes se educó para tener una opinión y para pensar, no están acostumbradas a que todas estas rebeldías se expliciten y se pongan por escrito. Sin embargo, al momento de echarlo al mundo, recibí la grata sorpresa de que no era la única que tenía estas inquietudes y que mis reflexiones encontraban eco en hombres y mujeres de todas edades y condiciones.

KV: ¿Crees que las relaciones sentimentales y sus mecanismos, cambian sus patrones al paso de los años? ¿Cómo cambian los cortejos a los 20 y a los 30?

JID: Yo creo que sí. Yo no soy la misma hoy que cuando tenía veinte. Tengo más claro quién soy y qué quiero, y lo mismo pasa con mujeres a mi alrededor. Sin embargo, vivimos en una sociedad que, hasta cierto punto, “infantiliza” a las mujeres, las condiciona para no actuar y para no tomar iniciativas; en estos casos, los cortejos son iguales a los cincuenta que a los doce, porque emocionalmente siguen siendo adolescentes: siguen refiriéndose a los hombres que les interesan como “mi galán”, siguen jugando a las escondidillas emocionales y siguen sentaditas en su casa esperando que les llamen y las hagan sentir princesas. Hay a quienes les funciona ese modelo… a mí, no.

¿Crees que los hombres y las mujeres viven distinto el paso de por los 30? 

JID: Estoy justamente en esa averiguación, porque en algún momento quiero publicar la versión de hombres de Treintona…, pero hay un tema que me parece fundamental: las mujeres tenemos fecha de caducidad. Dejamos de ser fértiles y, por lo tanto, dejamos de ser deseables. O eso nos han dicho.

En realidad, existen estudios recientes que dicen que el material genético de los hombres también sufre deterioros con el paso del tiempo y, tomando en cuenta lo que comen, y beben, algunos hombres, casi puedo asegurar que, hoy por hoy, las mujeres vamos mejorando con la edad, más que los hombres.

Con todo, debo mencionar que, si bien cuando publiqué el libro estaba convencida de que las angustias y quebrantos que nos aquejan a las treintonas no tienen una contraparte en la psique masculina, me he topado poco a poco con que sí, con que también sufren y se angustian porque a su alrededor todos se casan, y se van quedando solos a fuerza de que sus amigos no tienen “quien les cuide a los chamacos” y se cuestionan y se malviajan casi tanto como las mujeres. Insisto, lo tendré más claro cuando me siente a escribir el próximo volumen (¡espérelo!).

A simple vista pareciera que la línea del libro rodea la situación sentimental de una mujer soltera, pero en esta bitácora de vida hay otras situaciones- económicas, académicas, familiares- que se cuestiona una mujer a esa edad ¿en esto también tiene que ver este estigma del que hablas?

JID: Claro. A ver, si me educaron (me adiestraron) para salir de la casa familiar rumbo a la de mi marido, a cuidar niños y trabajar, pero no mucho porque la familia es primero, y si a la mera hora resulta que mis decisiones me llevaron a tener treinta y siete, vivir de un trabajo maravilloso pero completamente absorbente y sin una pareja estable ni mayores ganas de tener hijos, entonces tengo que plantearme que, muy probablemente, así va a ser el resto de mi vida. Que si quiero tomar vacaciones e irme de compras, tengo que prever; que tengo que pensar mi retiro; que tengo que hacerme de un círculo afectivo que me contenga y me haga sentir que pertenezco a una sociedad (y que tengo a quien hablarle si me caigo al cambiar un foco) y nadie me preparó para ninguna de esas cosas. Lo que sucede es que todos mis logros –afectivos, económicos, profesionales– se van a medir con un rasero distinto del de mis padres y del resto de la sociedad a la que pertenezco: yo soy la medida y la juez de mi propio éxito y hasta que yo no me reconozca como alguien que hace bien las cosas (soltera y todo), no voy a acabar de estar en paz conmigo misma.

KV: ¿Le llamarías crisis a los 30?

JID: Pues creo que hay una crisis en el momento en que uno se da cuenta de que la vida no es como se la contaron ni es rosa como los Corvettes de las Barbies. Pero, según he visto al platicar sobre el libro por toda la república, no es una crisis a la que se enfrenten todas las personas, ni todas al mismo tiempo; hay quien vive muy feliz cumpliendo con lo que le dijeron y no se siente tentado a hacer nada distinto y, por lo tanto, vive feliz y satisfecho, mientras que otros vivimos en la duda permanente y la necesidad constante de cruzar los límites sólo para ver qué se siente estar del otro lado. Hay quien se enfrenta con que su realidad no le acaba de gustar a los veintidós, o quien se siente un fracasado a los cuarenta y cinco. Cada quien vive sus propios procesos.

 

KV: El libro está narrado de manera muy lúdica y neutral ¿esto fue difícil? ¿Enfrentas así las dudas existenciales que tienes?

JID: Jajaja. No. Mis dudas existenciales las enfrento con papas, chocolate y viendo mucha tele. No fue difícil escribir el libro así, porque así pienso: me planteo la vida con metáforas absurdas, quizás porque me eduqué en una familia acostumbrada a reírse de todo, principalmente de sí misma. Después, cuando enfoqué mis estudios literarios a los libros para niños, mi mundo se pobló de seres maravillosos, enanitos, duendes y una serie de personajes ideales para explicar los pensamientos destructivos que por momentos nos poseen a las mujeres.

En resumen, sí. Pienso y reflexiono desde el absurdo, huyo de la solemnidad y el drama como de la peste y estoy convencida de que en cuanto uno se toma las cosas en serio, está perdido.

KV: ¿Este libro fue para ti un desahogo, un exorcismo, o una reflexión? 

JID: Todas las anteriores. Jamás hubiera estado entre mis planes escribir un libro de este tipo: un ensayo autobiográfico y medio autoayudoso. Pero realmente viví esa crisis, hice esas reflexiones y sostuve esas conversaciones, así que la idea de capitalizar tanta reflexión y contarla por escrito, vino un día mientras estaba nadando y, en poco tiempo, se cristalizó en un índice y un anteproyecto que abrazaron en Editorial Océano con enorme entusiasmo.

Fue un viaje, también. Un viaje mágico y misterioso cuya primer parte fue la escritura, y cuya segunda parte consistió en comprobar lo que sucedía con los lectores, con qué generosidad y buen talante lo recibieron, y cómo se acercaron a mí para comentar sus impresiones y darme, con ello, una lectura completamente distinta de la mía. Creo que eso ha sido lo más emocionante del proceso.

KV: ¿Qué consejo, fundamental, para enfrentar el paso de la edad, le darías a una mujer soltera- divorciada, separada, etc.-?

Súper tranquilízate, mi reina. No, a ver: buena estoy yo para dar consejos, como si tuviera idea de nada. Lo que le diría a cualquiera que no está contento con su situación, sin importar edad, credo, condición ni género, es que busque reinventarse. Es que busque un modelo donde se acomode, donde se sienta a gusto, donde piense que es feliz. Yo acudo constantemente al concepto de “ganarse la vida”, porque me parece que no es sólo económico, sino existencial. Cada quien sabe qué necesita para ganarse la vida y cada quien debe encontrar su concepto propio de éxito: independientemente de lo que digan nuestros padres, nuestros vecinos, nuestros colegas o nuestros amigos.

KV: Por último, adelantamos un poco sobre tu nuevo libro.

13839Aaaaaay, es tan bonito. Se llama ¡Socorro! Pero me dicen Coco, la va a publicar Océano, y es, de alguna manera, la contraparte narrativa de Treintona…, porque se hace preguntas similares y en un tono muy parecido (la narradora es, francamente, muy enloquecida y muy chistosa). Cuenta la historia de Coco, una diseñadora de modas nacida y criada en Querétaro y que está frente a la tremenda disyuntiva de casarse con un niño monísimo, de muy buena familia, o lanzarse a lo desconocido. Me divertí horrores en la escritura, porque me hacía muy feliz reproducir la forma de hablar de mis tías o mi mamá, para las parientes queretanas, y sobre todo porque me hizo cuestionarme muy a fondo los vínculos entre mujeres que se dan en las sociedades mexicanas: entre Coco y sus hermanas, entre Coco y sus compañeras de departamento (Pili y Monse del Olmo, que son unos personajazos), Coco y la rebelde de su tía Teresa, Coco y su suegra, Coco y sus “amigas” del trabajo…

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About The Author

Soy editora de la sección de Arte y Cultura en la publicación web Kä Volta Reportera en el diario impreso La Crónica Jalisco. Estoy en proceso de combinar mi vida de blogger y mi vida de gente (muy) seria. Me encantan el arte, los libros y los tragos ¡Contáctame! criticacerebral@gmail.com