Intimidad en medio de la euforia: The Cookers en Guadalajara

Published On Marzo 7, 2017 | By Nidia Beltrán | Conciertos, Música
Por Nidia Beltrán, fotografías de Noé Blanco para Kä Volta

The Cookers, un quinteto estadounidense, fue el encargado de la re-apertura del ciclo de jazz #TodoJazz que Cultura UdeG coproduce con NY Jazz All Stars, De Quinta Producciones y FIMpro.

Para sorpresa de los que acudimos con regularidad a los dos pasados ciclos, el aforo del Teatro Vivian Blumenthal no podía con una persona más.

El pequeño teatro que nos ha dado veladas tan íntimas con músicos extraordinarios tanto de jazz como rock alternativo o folk, se convirtió en una nave espacial -con todo y la claustrofobia experimentada- en donde la trompeta, el saxofón y la desquiciada batería fueron los guías.

Un platillo estruendoso abrió el set para darle paso a lo que sería un ciclo de diálogos musicales: cada intérprete hablando un idioma diferente, diferente jerga lingüística y con conceptos distintos en sus cabezas. Por un lado, el piano hablaba clásico fluido, cayendo en lo romántico de una balada bien adornada. El contrabajo a su vez, iba y venía de la arritmia de un jazz más juguetón para caer de vez en cuando en melodías ligeras y poco complejas.

La trompeta y el saxofón eran los cómplices del quinteto, conociendo el timbre del otro, buscaban dar una armonía interesante a la frase que pudiera gesticular el contrario. Y la batería, el rockstar de la noche, tenía una urgencia por golpear cada membrana y metal de su instrumento, el cual abordaba con agresividad y deseo.

Las ocho piezas que The Cookers ofreció al público fueron constantemente interrumpidas por aplausos y energía que emanaba el público para con los músicos, alabando cada solo y cada frase dicha con música y palabras.

Entre todo el bullicio y energía en la que estalló la noche del 2 de marzo, me gustaría hacer una mención especial al saxofonista Billy Harper. Pues entre la euforia externa, toda la noche se le vio en paz y totalmente entregado a su instrumento. En sus diálogos se notaba una clara influencia de uno de los saxofonistas más emblemáticos del jazz, John Coltrane. Con una manera muy formal de ver su profesión, Billy Harper iba todo vestido de seda, con camisa y chaleco que coincidían en un azul claro.

El respeto y quietud de Harprer dio calma a mi espectador interior que esperaba una velada más tranquila de lo que fue. Su íntima relación con su instrumento -que me ha resultado desde siempre físicamente como un abrazo el portar un saxofón- mostraba el debate interno que tenía en idioma musical, dejando salir ambas partes de la discusión, como presentándolo a la audiencia para que juzgáramos por nosotros mismos.

Así, The Cookers ofreció ritmos fuertes y marcados, melodías clásicas, acordes bajos y sonoros y mucho diálogo en metales: algo para toda la audiencia. Jazz para todos.

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About The Author

Volteo hacia arriba cuando paso por debajo de un árbol, tengo palabras favoritas para pronunciar, leer y escribir. Soy comunicóloga y fotógrafa siempre en formación. Busco retratar y escribir lo que veo que da vida a mi alrededor. Me gusta la cultura callejera: la que se escucha en una conversación ajena, o en la mezcla de géneros de un músico local.