Aunque nos pusieron un oxxo en la esquina

Published On abril 5, 2017 | By Kä Volta: Redacción | Estilo de Vida

Por: Claudia Alcocer, @claudialcocer

He escuchado, y yo misma he dicho, que hay pocas cosas por hacer en Guadalajara los domingos porque aún tenemos una vida de pueblo. ¡Casi nada abre! o cierran temprano. ¿A dónde ir? ¿Qué comer? ¿Qué ver?

Hablaré de uno de los lugares que desde hace muchos años me gusta visitar: El Templo Expiatorio, al que durante los sábados y domingos recientemente le han llamado Corredor Cultural Expiatorio. No hablaré de la arquitectura neogótica (que vale la pena conkcer), pero aunque no vaya a misa, ponga atención en lo que acontece en esa plaza de este recinto, que es toda una celebración al espacio público.

¿Por dónde caminar?

Antes de llegar sugiero caminar por avenida Juárez desde la Rambla Cataluña, donde se encuentra el edificio administrativo de la Universidad de Guadalajara, ver el reflejo del atardecer en sus espejos, echar un ojo a la cartelera del Cineforo, detenerse en la estatua a Sant Jordi, leer su inscripción y luego averiguar en Google quién era él y la razón por la que tenemos su monumento; observar las parejas que se sientan en las bancas y escalones del Museo de las Artes (Musa), continuar por el andador Escorza y observar las sombras que se hacen entre la iglesia, los árboles y Sol que se está ocultando; ver a la gente hacer fila para comer tamales “La Muñeca”.

¿Qué ver?

El danzón sin duda y si es posible, llegar cuando están ensayando antes del baile. Observar sus atuendos, las mujeres con su postura perfectamente erguida (¡Ya me gustaría a mí ir vestida con semejante elegancia!).  Algunos de los hombres con sombrero, traje, zapatos de charol y plumas en la cabeza. Sonreír cuando observas al hombre de cabello blanco hasta los hombros que se encuentra por encima de sus 50 años y que baila solemnemente vistiendo una camiseta de Led Zepellin.

Encontrarte con el masajista vestido de blanco con turbante en la cabeza que trabaja al ritmo del danzón, quien con unas cobijas sobre el suelo atiende a sus clientes, y que para darte una prueba de su servicio se te acerca y cuando menos lo esperas ya te tronó la cabeza.

Sentarte en las jardineras, ver a los otros y darte cuenta que también te observan. Ver a aquéllos que se sientan a comer un elote con crema, mayonesa, limón y chile; los que deciden beber una cerveza desde la tertulia decorada con luces de Navidad, o los que se encuentran en primera fila desde los equipales de el restaurante El Fénix.

Más allá de las bromas y chistes de los mimos, me gusta ver las reacciones y la participación del público frente a estos. Las familias completas que se encuentran contemplando toda la plaza, que se asoman a ver si hay una boda, graduación o misa ordinaria dentro del Expiatorio. Detenerse en la venta de ropa con diseño local, libros nuevos y usados, piedras que prometen poderes curativos, alternativas en alimento para mascotas.

Ver la gran cantidad de adultos mayores que asisten, muchos de ellos en sillas de ruedas, que van desde hace muchos años a disfrutar de la propuesta de ese espacio y que nos recuerda el sentido original de las plazas públicas: el encuentro con el otro.

¿Qué escuchar?

Las campanadas del templo y si se tiene suerte, ver salir a los 12 apóstoles que tocan las mañanitas al son de las campanadas de la iglesia. La música del danzón que con su consola y bocinas logran cobijar gran parte de la plaza, la banda en vivo que se oye desde la terraza recién remodelada del bar El Cardenal.

Regalar un minutito y escuchar el discurso del joven que acaba de terminar de escribir su primera novela y que trae unos separadores a 10 pesos para que le ayudes a pagar su publicación y la renta de su hogar.

¿Qué comer?

Sin duda se siente la ausencia de los tacos de Santo Goyote, que ante un reordenamiento en la zona, se ha mudado a López Cotilla 887, y aunque nos pusieron un oxxo y un minisúper debajo del bar Coyote Roji, aún podemos encontrar su esencia. Más allá de los postres, churros con cajeta, aguas frescas, hot dogs, croissants Alfredo, crepas, helados y comida oaxaqueña, hay toda una propuesta gastronómica vegetariana donde se pueden encontrar tacos como el de chicharrón-avena, y en otro puesto encontrar un muy buen pozole vegano. Los carnívoros nos acercamos curiosos a probar y buscar el parecido con la carne, y que lejos de intentar que nos sepa a carne, la invitación es explorar nuevos sabores que resultan una delicia para el paladar.

Espacio cálido para poder ir solo o acompañado, para participar con los otros “la caída” del domingo.

¿Dónde?

Sábados y domingos a partir de las 18 horas en Madero, entre avenida Enrique Díaz de León y Escorza.

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