Abbath y Amon Amarth, un domingo de oscuras y potentes polifonías

Published On Junio 20, 2017 | By Adolfo Bedoy | Conciertos, Featuring, Música

Nos volvimos a reunir en el C3 Stage para admirar a una leyenda del metal y a una agrupación que parecen seguir apuntando directo a la mitología del infinito. Con ustedes: Abbath y Amon Amarth


Fotografías: Noé Blanco

Para iniciar, tuvimos la presencia de un legado musical andante, y un gran grupo de músicos a su lado: Olve Eikemo a.k.a. Abbath Doom Occulta y su equipo infernal prepararon la tertulia dominical, que incluyó clásicos satánicos de Immortal –agrupación a la que pertenecía– y piezas de líricas profundas y negras con temas de muerte, aversión, drogas, desapego terrenal.

Dos cosas resaltaron en esta presentación, la primera, su bajista: King Ov Hell (Tom Cato Visnes), quien cuenta con un currículum digno de presumir, ya que ha formado parte de verdaderas leyendas del metal como Gorgoroth, Sahg, God Seed, y Ov Hell, entre otros.

La segunda: el sentido del humor de Abbath durante la presentación y su grata interacción con el público. Una vez terminada su presentación, vino lo mejor, la siguiente banda de la noche, que aunque tuvimos un pequeño (sic) retraso por un problema con el audio, nos entregaron un show digno para los anaqueles de la memoria.

Amon Amarth salió y dejó algo en claro con la primera canción que interpretó, “The Pursuit of Vikings”: que no habían agotado su energía aunque fuera el último lugar de su gira por Latinoamérica y que traían toda la carne puesta en el asador, pues inició una verdadera fiesta para aquellos que sueñan con el Valhala de las notas.

Un público que no paraba de hacer headbanging, con alcohol corriendo por sus venas y un sentimiento de hermandad, reconoció que en Guadalajara se presenta música de metal de calidad.

Nuestros amigos noruegos se entregaron en el show y dejaron más que satisfecho al espectador. Con cada pieza el público coreó, cantó, aplaudió, brindó y se emocionó, algunos incluso quedaron tirados en estado semi-inconsciente, justo lo necesario para que esto  se definiera como una fiesta de vikingos.

Esta presentación fue un excelente ritual de goce y empatía, un momento de calidad y un choque cultural de calibre; por un lado, el oscuro poder en manos del señor Abbath y su horda infernal; y por el otro, las huestes vikingas cabalgando en el regazo de su hada Valkiria. Todo aderezado con la pasión de los militantes mexicanos desbordada una noche más, aquí en mi bella Guadalajara. ¡Salud!

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