Pedimos todo ahora y Arcade Fire nos lo dio…

Published On noviembre 15, 2017 | By Kä Volta: Redacción | Conciertos, Música

… Aunque no con los resultados esperados. Después de años de ausencia y sentimientos encontrados después de Reflektor, este año la emblemática banda del hipsterismo Arcade Fire, escuchó las súplicas y ruegos de sus fanáticos con su última producción de estudio: Everything Now.

Por Zazíl Martínez


En cuanto fue anunciado un hype enorme rodeó al álbum. ¿Podríamos perdonar la sombría complejidad de Reflektor y disfrutar una vez más una obra maestra como lo fue The Suburbs? Sí y no. Sí, porque Everything Now es (a primera oída) sonoramente más sencillo, fresco y, si no pones suficiente atención, positivo; no, porque nada de lo que han hecho los canadienses ha logrado superar The Suburbs, su ópera magna. Nunca.

Sin embargo, hay un sinnúmero de elementos rescatables en Everything Now. De alguna manera, los canadienses lograron reinventar una vez más su sonido y emocionarnos hasta la médula con letras llenas de realismo que reflejan el contexto actual -dígase emocional, sentimental, laboral, profesional, usted elija- de los “polémicos” millennials. Lo queramos o no, Arcade Fire es una banda que nos entiende y expresa en su música todo lo que queremos decir pero no siempre sabemos cómo.

Ese sentir eterno de tenerlo todo y que nada de esto sea suficiente, de un constante vacío que tratamos de llenar con validaciones positivas de conocidos y desconocidos, de buscar algo (o alguien) que nos haga sentir vivos. Que nos haga sentir ALGO, for Christ sake.

No puedo decir que Arcade Fire vuelve recargado, pero sí diferente, con nueva visión y un cambio en su sonido, más rápido y en ocasiones agresivo, como pidiéndote que despiertes de tu letargo. No mucho, pero lo suficiente para fumarte un cigarro y tomarte una taza de café con sus ricos arreglos de sintetizadores y nostálgicas guitarras que remiten un poco a sonidos del rock de finales de los 70´s de Bowie (R.I.P. sweet Gobling King) o al new wave de Devo, imprimiéndole su muy particular sello que, no por nada, los ha hecho una de las bandas más queridas en la escena indie, que ya es más mainstream que otra cosa.

Afirmar que es su mejor trabajo es imposible, incluso ridículo; decir que es bueno -o malo- dependerá mucho del estado de ánimo y momento de la vida de quien lo escuche, lo que sí se puede decir es que es un álbum pleno, introspectivo y con una producción que, aunque lejos de ser impecable, marca un crecimiento no sólo en su sonido, sino en los músicos, un trabajo que demuestra su avidez por explorar nuevos terrenos sonoros y su falta de miedo de adentrarse en ese proceso de experimentación.

Pedir todo y pedirlo ahora ya no es suficiente, Arcade Fire. Y menos cuando la petición viene de una generación hambrienta de más.

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