No nací en un cuerpo equivocado. Nací en una sociedad equivocada

Published On junio 20, 2018 | By Rob Hernández | Estilo de Vida

Hace no mucho decidió llamarse Candance. Parece fácil elegir un nuevo nombre femenino, sin embargo, para ella significó mucho más.

Para Candance significó encontrar su verdadera esencia. La imagen que la representaba, su aceptación y su manera de decirle al mundo: “Aquí estoy yo y soy una mujer feliz”.

Por: Rob Hernández, @robsmx

La cita fue a las 7:00 pm. La observo a lo lejos mientras me acerco. Al momento de saludarla un aroma me recibe y me envuelve. La miro y encuentro una mujer sofisticada, con seguridad en sí misma, coqueta y con una feminidad que te hace admirarla por la manera en que se mueve, se expresa y el modo en que se dirige a ti.

– ¿Qué perfume es?. Pregunto.
– Coco, de Channel. Me contesta.

Ese día estuvimos ahí platicando, riendo y disfrutando de una tarde mientras el sol caía sobre las calles de la ciudad. Mientras la escucho hablar me pierdo por un momento en mis propios pensamientos: “Caras vemos, corazones no sabemos” una frase típica que usamos los mexicanos y creo que no hay mejor situación para aplicarla. Candance, mejor conocida como Candy, está aquí. Pero todo lo que la ha hecho la mujer que es el día de hoy es una historia de lucha constante para ser fiel a la persona que ella sabía que es. Sin importar lo que dijeran los demás.

Hablemos de lo que no se hablaba

Cuando un niño expresa lo que siente desde lo más profundo. Si no es lo que la sociedad / familia/ padres / todos los demás, esperan de él, asumen que es porque aún no sabe lo que quiere. Según ellos. A los 4 años, Candy expresó de una manera sincera y directa lo que apenas hace 1 año pudo ver por primera vez en un espejo.

– Mamá, soy una niña
– No, hijo, tu eres un niño, mira cómo estas vestido.
– No mamá, quizá sea mitad y mitad, pero niño no soy.

A principios de los 90, ¿qué respuestas podría haberle dado una madre su hijo? Cuando le comenta de manera tan sincera, directa y tranquila que su género no corresponde a su genitalidad. De las primeras cosas que nos enseñan cuando estamos en la niñez es a negarnos a lo desconocido, bloquearnos y evadir aquello que no está dentro de nuestro ámbito de “lo conocido” o “lo normal”.

La plática entre ellas no quedó ahí. En el momento en que Candy, antes de ser Candy, decidió comenzar el proceso para modificar su cuerpo a una imagen femenina, con la primera que volvió a ir fue con su mamá. A la primera que tenía que explicarle el proceso que estaba por iniciar, era a ella.

Habían pasado al menos 20 años cuando retomaron aquella plática inconclusa. El escenario era el mismo: su casa, él y su mamá, frente a frente; las circunstancias eran completamente distintas.

– Mama, voy iniciar mi proceso de hormonización. Yo soy una mujer y comenzaré a hacer
lo necesario para modificar mi cuerpo y lucir como una mujer.
– Hijo, te habías tardado. Fue la sorpresiva respuesta.

Para ésta etapa de su vida, Candy ya estaba más que acostumbrada a las negaciones, a los señalamientos, a los prejuicios. Ya había renunciado a ser quien ella quería ser por “amor”. Por darle gusto a alguien más, ya se había abandonado a ser ella misma y la posibilidad de iniciar el proceso de hormonización. ^or conservar una relación en la que estaba, sin embargo no era feliz. No se sentía aquella persona que desde los 4 años sabía que era. Esta vez, ella sería quien quería ser, con, sin o a pesar de sus seres cercanos. Lo tenía claro.

Después de aquella plática con su madre ella se dio cuenta que tenía todo el apoyo de su familia para iniciar su cambio; después de mucho tiempo ella se sentía confiada, se sentía apoyada, se sentía con los conocimientos y con la fuerza necesaria para enfrentarse a una sociedad conservadora como la de Guadalajara.

Crecer a golpes en Guadalajara

Ella no siempre tuvo esa fuerza para afrontar su entorno social. Cuando eres adolescente la vida en la escuela puede ser cruel por sí sola. Cuando eres tímido puede ser aún más cruel. Cuándo eres homosexual puede peor. Y cuando eres afeminado puede terrible. En los primero años de los 2000, pareciera que, al ser homosexual la escuela preparatoria te “prepararía” para dos cosas: 1.- saber disimular, esconder quien realmente eras e inventar muchas excusas sobre tu vida personal para encajar en “lo común” o 2.- te prepararía para ir creando una barrera muy gruesa, donde las ofensas e inclusive los golpes ya no te hicieran daño.

Eran sus primeros días de clases en la preparatoria no. 1 de Jalisco. Él tenía la emoción de un nuevo ciclo de aprendizaje, nuevos amigos, nuevas experiencias que estaban a flor de piel. En aquellos tiempos series y novelas de adolescentes nos marcaban los ideales de las relaciones amorosas y de amistad, nos mostraban las aventuras de los jóvenes, se comenzaba a hablar de drogas y vih en televisión abierta, se hablaba de clasismo, de violencia, pero no se hablaba de homofobia.

Tercer día de clases. Él se dirigió a su salón, recorrió los pasillos con sus zapatos recién estrenados, su andar por la escuela era casi imperceptible; llegó, se sentó, miró al pizarrón para esperar al profesor; siempre había sido muy dedicado al estudio, apuntó la fecha del día en su cuaderno, sin saber que también sería la última que anotaría. Ese día un grupo de chicos lo agarraron, lo golpearon, lo encerraron, encueraron y le dijeron que eso le pasaba por puto, por ser afeminado.

Ese día se fue y no regresó. Se juró no volver jamás a un lugar donde no se podía sentir seguro de ser el mismo, de expresarse como él era, donde las autoridades de la escuela no estaban listas para proteger su identidad y su desarrollo.

10 años después de ese incidente, Candy se ha convirtió en una voz visible de las chicas trans en Guadalajara. Sabe que para generar un cambio tiene que alzar la voz y compartir su historia. No sólo con los adultos, ya que por experiencia personal es consciente que hay un gran trabajo por hacer con los jóvenes. La han invitado a dar una conferencia sobre homofobia en las escuelas preparatorias. Ella sabe que es una actividad fundamental para comenzar un cambio cultural. Su primer charla tenía fecha y lugar, sin embargo dudó en acudir.

A veces pienso que la vida es una sinvergüenza que le encanta burlarse de nosotros o nos
pone pruebas muy difíciles.

Ella se dirigió al salón de clases. Recorrió los pasillos con sus zapatos de tacón, el sonido de su andar retumbaba por todo el pasillo. Por dentro temblaba, pero por fuera caminaba con seguridad, con la frente en alto. Llegó, se paró frente al grupo y dijo: “Hace 10 años llegué a esta escuela, a este mismo salón y fui golpeada por ser quien era, un chavito afeminado. Me juré a mi misma no regresar a este lugar donde conocí lo que era la violencia por ser yo misma”.

Pareciera intencional que justo en este mismo espacio tuviera que regresar a compartir un mensaje de igualdad. Regresar al mismo espacio que años atrás la hizo alejarse de sí misma. Era la señal de que estaba lista para soltar todo y comenzar a vivir como lo que siempre quiso ser. Mejor dicho, lo que siempre supo que era: una mujer.

“Una mujer, eso era lo que quería ser, por ello inicié a modificar mi cuerpo acorde a mis necesidades, como todo mundo lo hace. Sin embargo yo no me veo, por ahora, cambiándome la nariz, poniéndome caderas, etc. Creo que tengo un cuerpo que ha respondido bien al proceso de hormonización.”

Ser transgresora, lección aprendida

Ese olor a Coco de Chanel me envuelve una vez más, mientras la escucho hablar. Parece que el ser transgresora es algo que lo lleva en alguna parte de su genética. Quizá lo aprendió de su padre, quien a los 4 años le regalaba muñecas a su hijo porque le gustaban. “Déjalo, si él es feliz jugando con muñecas, déjalo.” Le comentaba su papá a su mamá.

Sólo estuvo con él hasta los cinco años para aprenderle y parece que lo hizo muy bien. ¿Cómo hubiera sido la vida de Candy si su padre no hubiera muerto?. Es algo que ella misma se pregunta todos los días.

Aún hoy, reconociéndose y mostrándose orgullosamente como una mujer trans, transgrede el
estereotipo.

“Yo no requiero una reasignación de sexo, Candy no la necesita. Una mujer es
más que una vagina. Las mujeres somos muy diversas y existimos las mujeres con
pene, que somos las mujeres trans.”

Ella lucha por una sociedad donde respete la individualidad de cada uno de los seres humanos que la cohabitamos. No cabe duda que el proceso de autoaceptación para reconocerse como una persona que sale de los entendimientos sociales debe ser un proceso mucho más profundo, de reconocimiento y amor propio. Reconocer que su cuerpo es perfecto tal cual es. Que ella lo puede modificar acorde a sus necesidades, pero que su genitalidad no determina su género. Es un camino que para muchos parece complicado entender. Y quizá no tendríamos que llegar a entenderlo completamente. Pero sí tenemos que llegar a respetar que es el proceso de alguien más que ha venido a este mundo a dar amor a los que están en su entorno.

Precisamente es por ello que al comenzar a trabajar en la Red Mexicana de Mujeres Trans, cuando aún tenía la imagen de un chico, le comenzaron a llamar Candy, por ser una persona muy dulce y amorosa como el personaje principal de la caricatura que lleva el mismo nombre.

El nacimiento de una mujer

Al momento de iniciar el proceso para modificar su cuerpo y tener una imagen femenina, investigó un nombre que correspondiera a la manera en que ya era conocida, Candy. Candance, aproximadamente solo 11 mil personas en el mundo poseen este nombre y significa persona única, según sus investigaciones; Verónica, que significa imagen verdadera.

Pareciera que nuevamente la vida nos pone en situaciones metafóricas: Persona única con imagen verdadera: Candance Verónica. Sin embargo, en sus documentos oficiales ella sigue siendo otra persona, el varón que hace tiempo dejó de ser.

Ella tiene muy claro que no nació en un cuerpo equivocado. Se sabe que nació con las características de un varón y que ello no le impide ser una mujer. Sabe que nació en una sociedad equivocada que quiere meterse en las decisiones más personales de sus integrantes. Una sociedad que te quiere decir como debes de comportarte, o cómo debes vestirte. En lugar de apoyarte y decirte que puedes ser quien tú decidas ser y siempre serás respetado, para que vivas pleno y feliz.

Candy

Candy, hoy

Ese aroma que emana de su piel regresa nuevamente a mi mientras conversamos aquella tarde. Pocos saben que ella lleva tatuado el nombre de ese perfume en la piel, y no es metáfora. Para ella como para muchas mujeres se ha vuelto parte de su esencia. Hace menos de un año caminó hacia el espejo y ese día finalmente se vio a sí misma con la nueva figura que le dotaban los implantes de mama que se acaba de poner. Se observó como una mujer plena, con una imagen femenina.

Por primera vez en casi 30 años, Candy pudo verse como lo que siempre supo que era y que la sociedad trató de hacerle ver lo contrario.

Ese día no estaba sola. La primera fragancia que tuvo cuando se reconoció plenamente como mujer fue Coco de Chanel. Un regalo que sin necesidad de explicaciones le hizo saber que una de las mujeres más importantes de su vida le daba la bienvenida a la nueva mujer que estaba naciendo en su familia.

Esa bienvenida estuvo a cargo de su madre. Aquella que a los 4 años le dijo que no era una mujer, hoy le decía a través de un perfume a Candance Verónica: “Hija, bienvenida a la familia”.


#aManoSuelta Historias de personas que han contribuido a que Guadalajara sea una ciudad diversa, interesante, cultural y donde la diversidad es la característica común que la hace única.

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About The Author

Opinólogo de tercera generación que le encanta ir al teatro, usa la escritura como meditación, baila reggaeton, busca apreciar lo bello en lo más simple, es fan de escuchar los silencios de la noche y es sarcástico a la menor provocación. Don´t Call my name, just call me @Robsmx