Volví Ashanti Ahumada

Volví

Published On junio 15, 2018 | By Ashanti Ahumada | ¿Cómo estás?

ADVERTENCIA El siguiente contiene información sobre un intento de suicidio. Si eres un/a sobreviviente o estás pasando por pensamientos suicidas, quizá no sea lo mejor leerlo

Lo que sí es importante saber es que puedes pedir ayuda. No estás solx. Alguien te ama y el mundo no sería el mismo sin ti. Jalisco el SALME tiene una línea de Servicio de Intervención en Crisis, las 24 horas del día, los 365 días del año. Sin Costo 911. Zona Metropolitana 38 33 38 38. Y para el Interior del Estado 01 800 2 27 47 47


1. La caída

Hola, soy yo, Ashanti. Se siente tan raro volver al teclado y tengo miedo de empezar a escribir. Ni siquiera sé si esta publicación verá la luz. ¿Me recuerdan?

Probablemente no. Hace unos meses yo solía escribir una columna para Kä Volta sobre salud mental. Todo iba genial, me sentía tranquila, feliz, llena de esperanza y energía, hasta que ya no.

Empecé a percibir los síntomas ya conocidos por mí. Pero me negaba a aceptarlo. Traté de seguir adelante con mi terapeuta, traté de comer mejor, de hacer más ejercicio, de salir más con mis amigas y amigos. De apreciar mi relación en pareja, de recordar cuánto me aman y amo a mi familia en Tepic, les juro que traté, inclusive rezaba:

– “Diosito por favor, ayudame a sentirme mejor, no me abandones, otra vez no”

Mi abuelita dice que cuándo pierdes toda esperanza te acuerdas que existe un dios. Entonces te arrepientes de tus herejías, te arrodillas y le suplicas que te ayude. Cada noche que rezaba llorando recordaba eso que mi abuelita dice. Sabía que la esperanza se me estaba acabando, podía sentir como se me escapaba de las manos.

Entonces llegaron. Llegaron los peores invitados que yo ya conocía pero que desde hace tiempo no veía. Los pensamientos suicidas. Hay una diferencia muy grande entre pensar que quieres matarte y planearlo. Yo ya lo estaba planeando. Pasé de rezar a pensar en mi carta de despedida. En la forma en la que lo haría. En el cutter que iba a usar para cortarme desde la muñeca al codo, porque esta vez ya estaba harta

– “Ya fue mucho”

Eso pensaba cada que planeaba mi suicidio y lloraba porque aunque estaba cansada no quería darme por vencida pero no veía otra solución factible a esta maldición.

2. La soledad

Me aislé y alejé personas. Primero a mi pareja. Al cuál quiero pedirle perdón publicamente. Te amo, eres un ser lleno de paciencia y amor. No sé que hubiera pasado si no hubieras tomado mi mano en cada ataque de pánico. Me ayudaste a salvarme.

Después amigas y amigos. Sentía que me odiaban en el trabajo, que mi familia me odiaba, deje de hacer las cosas que me gustaban (nadar, escribir, leer, ver películas). Yo me odiaba, me veía en el espejo y lloraba porque sabía todas las cosas bonitas que hay en mi vida pero no podía disfrutar NA-DA.

¿Conocen ese sentimiento? Déjenme explicarles, es como tener el pastel más rico frente a ti. Saber que es todo tuyo, que puedes comértelo sin tener que compartir con nadie, pero cuando tomas el primer bocado no saboreas nada. Sigues y sigues pero nunca llega el sabor. El pastel está ahí pero no te sirve porque no hay sabor.

La culpa tu hunde, te lleva al fondo de la depresión, la culpa hace que todo sea peor. No sabía que hacer, desafortunadamente me negaba a tomar medicamentos (algo de lo cuál estoy muy arrepentida ahora).

Pero llegó una noche. Una muy mala, en donde en mi afán de alejar a mi pareja nos cree una bronca marca satanás. Me sentía tan mal que pensé: “En cuanto se vaya, me voy yo también”. Sabía perfecto lo que iba a hacer, ya estaba más que harta, más que cansada. Afortunadamente él no se fue y yo me quedé.

Por más romantizado que esté el suicidio es aterrador pensarlo y estar cerca de hacerlo. Cuando te tranquilizas y te das cuenta de todas las opciones te aterra saber que puedes atentar contra tu propia vida. Esa fue la gota que derramó el vaso. Tuve que volver a Nayarit para hablar con mi terapeuta (usualmente nos vemos por Skype) y le conté todo, entre lagrimas, miedo, enojo, tristeza y arrepentimiento.

3. La aceptación

Recuerdo que no le di vueltas y le dije a mi terapeuta:

– “Otra vez me quiero matar”

Soltar esas cinco palabras se sintió como quitarme un peso de la espalda. Me solté chillando como cuando era niña porque sabía que por fin ya no estaba sola en esto (hasta ese momento nadie sabía que quería matarme).

Algo maravilloso de Ricardo Dueñas (mi terapeuta) es que al principio de mi proceso me dijo que estábamos en el mismo barco. Que no iba a dejarme. Que juntos íbamos a llegar a mi meta y nunca ha roto esa promesa. Esa noche le dije que ya estaba cansada y que necesitaba ayuda extra AKA un psiquiatra.

Pero, para alguien que nunca ha sufrido de un trastorno mental déjenme contarles que encontrar los doctores correctos es muy difícil. Formas una relación bastante peculiar, la base de esa relación es la confianza, pero para mí siempre ha sido difícil confiar (en general). Pero mi terapeuta tenía un as bajo la manga (como siempre los ha tenido).

Me canalizó con una psiquiatra que radica en Guadalajara. Esa noche salí de terapia con lagrimas en los ojos, pero por primera vez en no sé cuánto tiempo eran de felicidad, esa noche me perdoné, me abracé y dije:

– “Ashanti, no tiene nada de malo tomar medicamentos, hay mil opciones y te amas tanto que es hora de cuidarte”

Del consultorio de mi terapeuta a casa de mis abuelos (que era dónde me estaba quedando) llegas en 5 minutos caminando. Esa noche di más vueltas y no dejaba de escuchar “All the Stars” de Kendrick Lamar y SZA, había una línea en especial que me hacía sentirme más y más feliz:

“Confrontation ain’t nothin’ new to me
You can bring a bullet, bring a sword
Bring a morgue, but you can’t bring the truth to me
Fuck you and all your expectations
I don’t even want your congratulations”
https://open.spotify.com/track/2Imq77E6CEJR5TPUxlJvTY?si=Tw376SDkTHCXXDHsydqOSQ

No sé a quién le cantaba pero no dejaba de hacerlo y llorar. Cuando llegué a casa de mi abuelita, le di un abrazo enorme a ella y a mi papá porque supe que me iba a quedar mucho tiempo más con ellos.

4 La verdad

“Truth will set you free but first it will piss you off”
– Gloria Steinem

Esa frase es real, la verdad sí te libera pero primero te hace enojar mucho, muchísimo.

La primera vez que fui con mi psiquiatra no sabía que esperar. Mi terapeuta me conoce muy bien y siempre me aseguró que con ella me iba a sentir en confianza (lo cual, como ya lo dije es clave). Verán, mi miedo con los psiquiatras es que a veces son muy rígidos. Me parece que hasta se desensibilizan con todo lo que ven y no te ven como un humano, si no como una cosa que tiene mal la cabeza y son duros. Esto viene de experiencias que tuve con alguien cercano y claro de mi ansiedad paralizante.

Pero ella es otra cosa. No sé cómo explicarlo pero desde que la vi supe que todo iba a estar bien, como amor a primera vista pero con doctores.

Para empezar nunca conocí a una psiquiatra tan honesta pero tan buena para decir las cosas. Ella es del norte entonces, pues es del norte. Ese día me hizo 250,000 preguntas, desde mi historia familiar, enfermedades físicas, psicológicas y poco a poco fue llegando al fondo de todo.

– “Hija lo que tú tienes es depresión por tantos episodios de ansiedad, estas cansada, por eso quieres matarte”

Cuando escuché depresión me solté llorando (como por décima vez en esa consulta). Otra vez esta perra volvió. Yo ya me había despedido de mi depresión. Era alguien que hablaba mucho sobre salud mental, sobre terapia, sobre como había cura, como se podía salir de algo que yo ya había salido. Ajá, SALIDO. En pasado, yo ya no podía tener depresión, no otra vez, no a los 30. No cuando acababa de irme a vivir con mi pareja, cuando muchas cosas se estaban acomodando en mi vida, no podía.

Me enojé tanto, me enojé conmigo, con la vida, con mi pasado y mi futuro. ¿Por qué yo? ¿Qué se siente ser normal? ¿Por qué no soy normal?

Antes de irme por un espiral horrendo la psiquiatra me explicó porque me estaba pasando lo que me estaba pasando. Había un montón de situaciones llenas de estrés en mi vida y eso me causaba muchísima ansiedad y a veces, cuando hay mucha ansiedad, llega la depresión.

Todo empezó a tener sentido y empecé a enojarme más pero ahí inició mi liberación. Empezamos con medicamentos, unos ya conocidos por mí y otros nuevos. El día de mi primera toma sentí mucha esperanza.

5. Reestructuración. Volví

El primer día el medicamento para la ansiedad fue como un sueño. Estábamos viendo como reaccionaba al medicamento y resultó que las dosis fueron muy altas. Arrastré la lengua y me dormí la mayor parte del día, pero me puse en contacto con mi psiquiatra y con la segunda dosis encontramos un equilibrio.

Diez dias después de la primera cita con la psiquiatra y de iniciar con el medicamento volví a sentirme horrible, a querer matarme, a alejar a mi pareja.

– ¿Y la cura, oiga?

Después supe que el medicamento tarda algo de tiempo en actuar sobre el cerebro y el sistema nerviosos central, pero como dice mi abuela, siempre he sido una desesperada.

Poco a poco volví a agarrarle el sabor a la vida, creo que ni yo sabía cuanto lo extrañaba. Poco a poco sonreía más y quería morirme menos.

Había días donde me quedaba viendo los arboles fuera de mi edificio y me sentía en paz, ¿Saben lo que es eso?

La única forma de salir de una situación es viviéndola y así fue. Viví (y sigo haciendolo) mi recuperación un día a la vez. A veces me aterraba que las personas supieran que tomaba algo para la cabeza, inclusive tuve opiniones negativas. Pero, si ya no quiero matarme, ni me siento miserable, eso sólo significa que el medicamento funciona.

Ahorita estoy bajo construcción. Sigo curándome día a día. Sigo recuperando cosas que había dejado ir. Volví a nadar y se siente tan bien, a sonreír, a despertar feliz a lado de mi pareja, a comer bien, a disfrutar las cosas pequeñas.

Hace unas semanas fui a San Pancho y me prometí nadar en el mar para dejar todo ahí. Cuando pasé la parte donde rompen las olas, me sentí libre y sin miedo “Aquí se queda lo malo” pensé. Tenía goggles para poder nadar pero lloré porque mientras flotaba en el mar nayarita supe que poco a poco, voy a volver a ser yo.

Y esa es la historia. La depresión y la ansiedad no son como en las películas, a veces llegan de la nada y se manifiestan de muchas formas. No sólo es tristeza, la depresión también es enojo, es aislamiento, es culpa, es desesperación, estrés, no poder dormir, mal humor, no comer, comer de más, son mil cosas pero una vez detectada es reconfortante recordar que hay cura.

Hoy volver se siente raro, pero aquí estoy y ya no tengo miedo.


Línea de Ayuda

De verdad, si sientes que ya no puedes más pide ayuda. En Jalisco el SALME tiene una línea de Servicio de Intervención en Crisis, las 24 horas del día, los 365 días del año.
Sin Costo 911
Zona Metropolitana 38 33 38 38
Y para el Interior del Estado 01 800 2 27 47 47

Este artículo esta dedicado a tres personas muy especiales.

  • A Ricardo Dueñas, mi terapeuta. Gracias por seguir conmigo en el barco.
  • A mi psiquiatra, eres un ángel.
  • A Paco mi pareja. Nunca me voy a cansar de agradecerle a la vida que uniera mi universo con el tuyo, te amo y quiero seguir despertando a tu lado muchos días más.

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About The Author

Soy originaria de Tepic, Nayarit y me vine a Guadalajara hace dos años. Soy licenciada en Mercadotecnia y estudié diseño gráfico por un par de años, pero ahora me dedico al SEO y creación de contenidos. Pasó los fines de semana viendo películas, leyendo y cocinando. Comencé a escribir a los 18 y ya no pude parar, ahora aquí estoy en Kä volta, lista para que el mundo lea mis aventuras en esta ciudad que no deja de sorprenderme.