Jesús Jáuregui, sobrevivir a ser gay en los ochenta.

Published On diciembre 5, 2018 | By Rob Hernández | Estilo de Vida

Jesús Jáuregui se inició en la lucha por los derechos de las personas LGBT en un tiempo que la policía te arrestaba y golpeaba por ser gay.

Cuando personas e instituciones se pronunciaban públicamente en contra de los gays, lesbianas y transexuales, cuando a los enfermos de SIDA los sacaban de chiqueros y les daban atención médica “de lejitos” para no infectarse.

Parece que hablamos de un tiempo lejano en una ciudad lejana. No, eso sucedía en la Guadalajara de los años 80. Quizá en la casa de tu vecina, al interior de algún hogar de los barrios de Santa Tere o Americana. Incluso quizá en alguna casa del centro, que hoy son bares u oficinas.

Jesus jauregui

Jesús Jáuregui con integrantes de AGES, Guatemala

En aquella época no era fácil reconocerse gay ni encontrarse con otros iguales. La televisión y las películas mostraban a los homosexuales como personas afeminadas, graciosas y siempre en la búsqueda de ser mujeres. Para muchos hombres gays de los 70s y 80s, no era algo con lo que se sintieran identificados. Jesús Jáuregui entre ellos; por lo que se sentía solo, de otro planeta. Reconocía que le gustaban los hombres, pero no se identificada con lo que se mostraba en los medios.

Sus inicios en el activismo

Un día, Jesús Jáuregui escuchó que en el parque revolución, hoy conocido como el Parque Rojo, se reunían gays por las tardes. Acudió para ver cómo era encontrarse con otros igual que él. Temeroso llegó un sábado por la tarde y observó. Mientras observaba se sentó en una de las bancas, que había personas platicando y riendo como cualquier otra reunión de amigos.

Para su sorpresa, llegaron unos policías que intentaron arrestar a algunos de los chicos que estaban socializando. Sin pensarlo, se paró y se enfrentó a los policías para que no se los llevaran detenidos.

Jesús Jáuregui, un chico de 17 años se puso al “tú por tú” con un policía de Guadalajara. Y logró que, al menos por ese día, se retiraran bajo la consigna de que no se siguieran reuniendo en el parque. Al día siguiente, a la misma hora Jesús Jáuregui estaba ahí, listo para recibir a los policías. Llegaron y la escena se repitió, pero esta vez arrestaron a algunos.

Uno de los presentes vio cómo actuó Jesús Jáuregui ante la injusticia y le comentó que cerca de ahí había una asociación civil y una persona que le podrían ayudar a defender a las personas de ser tratadas injustamente. En ese momento se dirigió a la calle de Madero casi esquina con 8 de Julio. Fue así que visitó por primera vez las instalaciones del Grupo Orgullo Homosexual de Liberación (GOHL). Ahí conoció a Pedro Preciado, quien al recibirlo lo asesoró y acompañó para levantar una denuncia contra la situación que había vivido horas antes.

De esta manera es que Jesús Jáuregui se inició en el activismo LGBT+ de la ciudad. A partir de ese día comenzó a mezclar sus estudios de preparatoria y su primer trabajo con las actividades de defensa por los gays de Guadalajara.

Su labor en GOHL

Como parte de las actividades de la organización tenían varias áreas donde atendían las necesidades de las personas. Había diferentes áreas: jurídica, médica, cultural y humanitaria. En esta organización se conocieron trabajando muchas de las personas que hoy en día son un referente en la población LGBT, Jaime Cobián, Roberto “La Gorda” Espejo, Pedro Preciado, Jorge Romero y el mismo Jesús Jáuregui entre otras personas.

Jesús Jáuregui siempre se inclinó hacia la labor humanitaria. Ya que ser gay en los años ochenta, era una cuestión de supervivencia. Si ibas caminando por la calle y te veían afeminado (fueras o no gay), era motivo para que la policía te llevara a los separos o mínimo te extorsionara. Eso si no te golpeaban antes; ya fuera la policía o algún homofóbico.

Al poco tiempo que inició sus labores en GOHL se desató la epidemia del sida. Debido a la novedad del tema, había mucha desinformación que se traducía en estigma para los que vivían con vih/sida y en general para los gays de aquella época. Según recuerda Jesús Jáuregui, la gente creía que era un virus que andaba en el aire identificando quien era gay y se le metía.

El sida se convirtió en la enfermedad de los gays. Las estadísticas lo mostraban de esta manera ya que la mayoría de las personas que se contagiaron eran de la población LGBT. Para aquella época, donde se iniciaba una lucha por el reconocimiento de los derechos de los gays y las lesbianas, la llegada del sida se tradujo en prejuicios y señalamientos a los gays por la forma en que vivían su sexualidad. Jesus Jauregui

Las instituciones no consideraban el sida  como un problema de salud. Lo consideraban como un problema de gays. A Jesús Jáuregui, como parte de su compromiso social le tocó auxiliar a enfermos de sida que estaban aislados en hospitales. En los 80, la situación de las personas que estaban infectados era muy diferente; en los hospitales, los enfermeros les aventaban al piso la charola de comida desde la puerta. Nadie quería tocarlos o tomar del mismo vaso. Incluso hubo un caso en que sacaron a un chico de un chiquero porque su familia lo puso con los puercos, ya que temían infectarse.

A Jesús Jáuregui le tocó ver morir a muchas personas. Entre ellos muchos de sus amigos. Le tocó meterse en los hospitales para atender a los que nadie quería tocar, le tocó rescatar de sus casas a chicos que los tenían arrumbados como muebles o incluso llenarse las manos de lodo para rescatarlos de con los animales.

Para él, era una situación de supervivencia el ayudar a los que eran sus iguales. Los que eran su otra familia, los que estaban muriendo por un virus desconocido y estigmatizados por su orientación sexual.

Sin duda no fue una década fácil para Jesús Jáuregui, pero su labor fue fundamental en el activismo. Con sus compañeros, se enfrentaron a presidentes municipales, a los dirigentes de la policía, a las instituciones estatales y lo más duro, se enfrentaron al escarnio social.

A pesar de todo eso, realizaron campañas de prevención, entrega de insumos en los antros, explicaron qué era y cómo usar el condón, dieron pláticas en preparatorias e incluso soportaron los desdenes de los mismos gays con un “a mi no me va a pasar”.

El dolor genera lejanía

Casi a mediados de los 90, Jesús Jáuregui se alejó del activismo. Coincide con la desintegración de GOHL y con el surgimiento de nuevos movimientos en la ciudad. Pareciera que con la muerte de Jorge Romero, el retiro del activismo de Pedro Preciado y Jesús Jáuregui se terminó una etapa de la lucha en la ciudad, que podríamos identificar como de sobrevivencia. Una etapa donde estuvieron codo a codo salvando vidas, educando e informando a los gays sobre cuidados y prevención para el vih/sida.

Durante casi una década el siempre estuvo las 24 horas listo para atender una urgencia. Para levantar la voz por aquellos que fueron detenidos injustamente, para acudir al cabildo a manifestarse, para subirse en un pequeño coche junto con otras 8 personas para entregar condones o para ver morir a aquellos que atendió y sirvió en sus últimos años, meses o días de vida.

Vivir la muerte de otra persona es algo pesado. Para Jesús Jáuregui que vivió tantas y tan cercanas, le fue creando un dolor muy grande. Decidió retirarse en un momento donde su nombre comenzaba a sonar en los medios de comunicación, donde era invitado a foros internacionales y solicitado en otros países para hablar sobre vih prevención u organizar agrupaciones sociales para el activismo.

No buscaba los reflectores. En un proceso profundo de reflexión decidió que era tiempo de dedicarse a su persona y a su futuro. El trabajo que realizó junto otras personas, fue clave para la ciudad, ya que fue en un momento en que todo era novedad sobre una epidemia que aterraba al mundo, y que necesitaba gente que la enfrentara sin temor. Justo como aquél chico de 17 años se enfrentó a los policías de la ciudad años atrás.

Jesus Jauregui

El ser activista es una labor que se hace por compromiso y por pasión. Muchas veces sacrifican su vida personal, por ayudar la de otros. Para los que nacimos después de los 80 en Guadalajara, quizá no tengamos mucha consciencia sobre lo que significaba ser y reconocerse gay en aquellos años en nuestra ciudad. Pero gracias a personas como Jesús Jáuregui y muchas otras personas, hoy podemos tener mayor libertad de expresarnos públicamente sin tanto estigma. La lucha sigue, pero en ese entonces no se trataba de lograr reconocimiento de derechos, se trataba de salvar la vida de miles.

Jesús Jáuregui sigue ayudando a la población LGBT a su manera y sus posibilidades. A sus 50 años sigue orientando y otorgando asesoría a jóvenes que tienen dudas sobre descubrirse homosexuales o derivándolos con médicos para atender dudas sobre vih o casos de its.

Sobre regresar al activismo de manera visible, no lo ve posible. Para él, el activismo era muy diferente al que se hace hoy, que es más sobre prevención y gestión de políticas públicas. Conoce y reconoce el trabajo que hacen activistas en la actualidad, pero no considera que sea el estilo de activismo que lo apasionó por años. Los tiempos cambian y las personas trascienden en un contexto social determinado, el de Jesús Jáuregui fue en un tiempo donde ser gay era cuestión de sobrevivir.

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About The Author

Opinólogo de tercera generación que le encanta ir al teatro, usa la escritura como meditación, baila reggaeton, busca apreciar lo bello en lo más simple, es fan de escuchar los silencios de la noche y es sarcástico a la menor provocación. Don´t Call my name, just call me @Robsmx