Shenel Johns Quartet, sonidos del jazz retumbando a la puerta de su casa

Published On marzo 4, 2019 | By Kä Volta: Redacción | Música

Imagina esto por un momento: un predicador de iglesia cristiana afroamericana, cargado de carisma y energía con una potente y afinada voz.

Agregamos a esto una pizca de baile, con ritmos latinos y africanos brindados por la batería que retumban el lugar. Agitamos todo esto con un ensamble de acordes de jazz preciso y cadencioso por parte del pianista, y por último tómanos unos tintes de blues y experimental esparcidos por aquí y por allá a modo de contrabajo. Sin duda el Shenel Johns Quartet es un platillo digno de cualquier vitrina de restaurante norteamericano. Llenó el Conjunto Santander y fuimos afortunados de estar allí.


Por: Adolfo Bedoy
Fotografías: Noé Blanco, @noeblancophoto


“Una buena cabeza y un buen corazón son una combinación formidable”. – Nelson Mandela.

Los regalos del Shenel Johns Quartet

El concierto comenzó con la ejecución del trío instrumental que luego acompañaría la voz de Shenel Johns, dejando en claro el objetivo del día, jazz. Las notas brincaban por aquí y por allá formando arcoíris sonoros llenos del soporte de ritmo y matices. Creo es importante recalcar la soberbia ejecución de cada uno de los integrantes del trío. No hay error. Justo ahí ella aparece en el escenario. Shenel viste un vestido fresco y su radiante alegría arremete contra todos nosotros.

El cambio es presente, los ritmos y melodías se han mudado del elegante jazz para buscar terrenos más emocionales y expresivos por igual. Billie Holliday y Ella Fitzgerald nos visitan en una reminiscencia de su voz ante esta talentosa mujer. Después de esto hacen un cambio más. El pianista y baterista nos dejan a solas un momento para que el contrabajista y la inmensa voz de ella nos den un regalo: la canción llamada “Bang Bang” hecha famosa por Nancy Sinatra. Lo que una voz entrenada y una gran músico acompañando cual danza sincronizada, fue una grata experiencia para todos. El evento continúo con mucha más música compuesta por ellos. Desde un himno a la sororidad llamado “Sister”. Canción a canción cada uno de nosotros renovaba su atención sin chistar.

Al final, salimos con una mirada nueva, con un grato sabor de boca. El mensaje era claro y sin ambigüedades. Vivir la vida completa, no a pedazos. Dar lo mejor y siempre sonreír. Por mi parte, planeo seguir la recomendación. La propuesta queda abierta para ustedes. Hasta la próxima.

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