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Desde niña siempre me gustaron mucho las plantas, me encantaba como adornaban los geranios rojos y blancos el balcón de mi casa. Disfrutaba ir con mis papás a los invernaderos y comprar flores, macetas, tierra, etc. Veía a mi papá cuidar de sus plantas con mucho cariño y dedicación.

Sin embargo, sólo era eso, una observadora y admiradora de las plantas, pero no una cuidadora activa.  Fue hasta que me mudé y empecé a vivir sola que tuve mis propias plantas. Las cuales a veces olvidaba regar o podar, pero fui aprendiendo poco a poco.

Por: Ana Morin, @chaberucitaroja

Siempre hablaba con mis plantas les decía que se veían bonitas, que habían crecido mucho o les pedía perdón por olvidarme de darles agua. Desde ahí me empecé a ganar entre mis amigos la fama de “la señora loca de las plantas”.

Cuando me cambie de país done mis plantas a quien sabía realmente las cuidaría. Algunas de ellas aún están en la casa de mis padres y amigos floreando y creciendo.

Al llegar a Alemania una de las primeras cosas que hice fue comprar una orquídea, un poco temerosa de los muchos cuidados que siempre me habían dicho necesitaba una orquídea. Así llegó a mi vida “la bonita” la orquídea que me ha acompañado en toda mi aventura alemana.

Tenemos casi 6 años juntas y siempre le hablo, le he contado de todo a “la bonita”. Sólo nos separamos por 6 meses mientras estuve en Australia. Durante ese tiempo un muy buen amigo cuidó de ella, ese amigo es Johannes quien ahora es mi pareja y futuro esposo.

Cuando le di las instrucciones de cuidado de la orquídea le dije, habla con ella… de preferencia en español. Me gusta pensar que esa orquídea de alguna manera nos ayudo a permanecer unidos aún al estar tan lejos el uno del otro.

Otro detalle curioso, el primer regalo que me dio Johannes fue una planta. Un hermoso alcatraz que también aún tenemos en casa.

Él y yo disfrutamos mucho de las plantas y adornar nuestro hogar con ellas. Tenemos el ritual de cada primavera sembrar chiles y hierbas de olor. En nuestro nuevo hogar tenemos la fortuna de tener una terraza grande y muy soleada, este año hasta fresas hemos sembrado.

Si por mí fuera convertiría nuestro apartamento en una pequeña jungla urbana… pero debo de controlarme. pues en Alemania es un tanto más complicado el cuidado de las plantas. Todas las plantas que están en la terraza durante el verano, en invierno hay que buscarles lugar en el apartamento.

¿Porqué me gustan tanto las plantas?

Pues primeramente son hermosas, no imagino mi alrededor sin algo verde. Creo que cualquier espacio mejora inmediatamente con algo verde.

Cuidar una planta sí que requiere tiempo y dedicación pero vale la pena. Para mí es una satisfacción enorme poder comer algo que yo misma he sembrado o ver a mis orquídeas floreando.

Por otra parte, son seres vivos que al igual que nosotros los humanos necesitan de cuidados, chiqueos y abono para poder florecer, crecer, vivir. Me sorprende mucho como a una planta la cambias de lugar y se puede empezar a marchitar o puede empezar a florear.

Las plantas y flores incluso me han dado lecciones de vida como la historia que les platicaba en una columna pasada “Donde te pongan florece”.

La verdad es que el apodo de la señora loca de las plantas me gusta… me describe muy bien. Y de hecho me da mucho gusto cuando amigos me piden consejos al respecto, me encanta poder contagiar a alguien más de esa sana locura.

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Ana Ramirez Morin

Chilanga por nacimiento, tapatía por adopción y actualmente viviendo en Alemania. Master en economía y negocios internacionales, trabajo en la industria de la moda en el área de mejoramiento de procesos y logística, la cual no es nada glamurosa. Escribo como terapia personal por que me divierte, tranquiliza y ordena. Además creo firmemente que no hay idioma más bello que el español para narrar historias. Mis pasiones son viajar por el mundo, probar nuevos sabores y luego intentar imitarlos en mi cocina, tomo fotos de casi todo y me gusta usar zapatos bonitos.

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