#Minerva | La distancia que nos une en esta ciudad.

Published On septiembre 16, 2015 | By Kä Volta: Redacción | Minerva

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Por: Ashanti Ahumada | Ilustración de Roacho

Una de las primeras reacciones cuando dices que vives solo es imaginar que te la vas a vivir en la fiesta, que vas a ser parte de un Friends a la mexicana y que todos tus amigos se van a ver diario, que tu rutina va a ser igualita a sitcom gringo, van a tener el café o la zona de reunión, que los vas a ver en la semana y vas a poder contar la anécdota cómica de lo que te pasó en tu trabajo… no, no pasa.

Yo vengo de Tepic, un lugar pequeñito en Nayarit, donde llegar a un lugar que está “Muy retirado” te toma media hora, si ustedes viven en Guadalajara saben que aquí hacer media hora a cualquier lugar es algo poco común, casi a todos lados llegas en una hora o un poco menos (si estas cerca).

A este sitcom mal escrito hay que agregarle que todos trabajamos, tenemos otras actividades por la tarde y los fines de semana de repente se vuelven sagrados, porque para los que somos de fuera significa ir a visitar a tu familia (una vez al mes o dos si te sientes muy melancólico) y para los que no son pues significa descansar, hacer la despensa, lavar la ropa, etcétera.

Después algún tiempo caes en cuenta que realmente es un poco difícil tener la dinámica de Friends, pero esa distancia nos une, suena absurdo pero es así porque ¿qué pasa cuando comes el mejor filete a diario?

De repente se termina la emoción o el gusto entonces cuando no ves a tus amigos por un par de semanas o meses, la noche en la que te reúnes con ellos se convierte en una ocasión especial, sin necesidad de cumpleaños, sin necesidad de celebrar algo en especial, te sientes feliz por el simple hecho de estar con las personas que quieres, con tu familia de aquí y en ese momento la espera vale la pena.

Entonces aquí, la ciudad de la Minerva te enseña a amar las cosas pequeñitas, una chela con los amigos, reír hasta que te duela el estómago, un “¡Cabrón!” o el abrazo que siempre regalas cuando vez a alguien que tenías un buen rato sin ver y sobre todo aprendes que no es necesario estar cerca para estar cerca, que cada momento es un regalo y que llegan las noches en las que se te olvida todo lo malo, la renta, el tráfico, tu jefe el sangrón, la presentación importante y eres feliz.

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